Justyna Hada¶ 

Universidad Adam Mickiewicz

 

 

El nacionalismo vasco actual: la complejidad del fenómeno 

 

 

         El objetivo del presente trabajo es ofrecer una introducción al tema del nacionalismo vasco y destacar su complejidad. En la actualidad, son dos las fuentes de información que más influyen en nuestro conocimiento del tema: el mensaje de los medios de comunicación y el de los discursos políticos. En mi opinión, ambos enfoques (tanto el político como el periodístico) a menudo deforman la realidad. En consecuencia, tanto el problema del nacionalismo vasco como el del conflicto vasco se suelen percibir a través del prisma del terrorismo de ETA (Euskadi ta Askatasuna). No obstante, la violencia es sólo una de las dimensiones del conflicto vasco y, al mismo tiempo, el apoyo a la violencia como medio para lograr la independencia constituye sólo una variación marginal del movimiento nacionalista vasco. El tema del nacionalismo vasco es un problema vital de la política de Euskadi y uno de los más importantes de la realidad política de todo el país. Está presente en el debate político y en los medios de comunicación, y en esas dos áreas sufre simplificaciones que perjudican su análisis. Los medios de comunicación tienden a simplificar la realidad porque por naturaleza buscan lo sensacionalista. La prensa demoniza unos fenómenos o destaca unos hechos para atraer al lector y, al mismo tiempo, otros son obviados. Emplea estereotipos, igualando a los vascos con los nacionalistas y a los nacionalistas con los terroristas. Por ejemplo, Leopold Unger (1998: 5), un periodista de Tygodnik Powszechny, en su artículo “Si³a w s³u¿bie dobrej woli”  (que se puede traducir como “La fuerza al servicio de la buena voluntad”) habla de la proclamación del alto el fuego indefinido por parte de “los vascos”; Piotr Semka (2004: 20), en el texto “Terror leczy ze z³udzeñ” (“El terror disipa las ilusiones”) publicado en el periódico Fakt, considera la posibilidad de que “los vascos” sean los autores del atentado del 11-M; el 15 de mayo de 2005 un equipo de la BBC (2005: 1) nos informa en inglés sobre tres heridos a causa de “bombas vascas”.

         Sin duda, aunque este tipo de expresiones pueda considerarse un lapsus linguae, también es verdad que pueden provocar en un lector que no conozca el País Vasco miedo ante todo lo euskaldun. Hay que tener en cuenta que sólo el 1% de los vascos apoya totalmente a ETA, mientras el 13% apoya sus fines, pero no sus medios (Grupo Euskobarómetro, 2006). En la época franquista ETA contaba con un apoyo mucho mayor, tanto en España como en el extranjero, siendo un símbolo de la resistencia contra la dictadura. Muchos vascos muestran simpatía hacia la antigua ETA, negando su razón de ser en la actualidad. Sin embargo, los partidarios de ETA suelen decir que la situación actual es igual que la de la época de Franco (Mirgos, 2005: 179). Otro fenómeno digno de mencionar es que cuando la prensa de fuera de España (también la polaca) habla de los vascos es casi siempre para hablar exclusivamente de los terroristas y de las bombas. El problema de ETA no sólo distorsiona mucho el problema vasco como objeto de estudio sino que, a la  práctica, también perjudica el trabajo de los nacionalistas. Indirectamente deslegitima su mensaje por el uso de la violencia, y hace que los nacionalistas españoles lo usen como arma.

         En segundo lugar, el debate sobre el nacionalismo vasco en España está politizado. Entre los representantes de las distintas opciones políticas no sólo existen discrepancias ideológicas, sino también diferencias en cuanto a los hechos: la cantidad de hablantes del euskera en distintas partes del País Vasco, la existencia o no de una nación vasca, la existencia de un problema político profundo anterior a la aparición del problema de ETA, las circunstancias de la histórica incorporación del País Vasco a España (hecho voluntario o forzado), o la pertenencia de Navarra e Iparralde a la región tradicionalmente vasca. Un ejemplo sintomático de falsificación de la realidad es presentar el conflicto vasco como una simple antítesis de terrorismo versus democracia. Por el lado de la democracia están España y los nacionalistas españoles y, por el lado del terrorismo, Euskadi y los nacionalistas vascos. También se suele plantear tal antítesis para hablar del conflicto interno entre los vascos nacionalistas y los no-nacionalistas. J. I. Ruiz de Olabuenaga, sociólogo vasco, critica  ese enfoque:

 

Los vascos vivimos una situación relativamente esquizofrénica (...). Hay personas que tienden a pensar que en el País Vasco sólo importan dos planteamientos: o paz o guerra, nada más (...). El conflicto de unos vascos que pactan con la guerra, la quieren, la apoyan, y los otros vascos que no son de la guerra.(Medem, 2003: 608) 

 

         Indudablemente, el tema del terrorismo y de sus víctimas (muertos, heridos y amenazados) es un aspecto muy importante. Sin embargo, el problema vasco no se puede reducir al tema de la violencia. Algunas de sus numerosas dimensiones son: el nacionalismo español contra el nacionalismo vasco; y, entre los mismos vascos, los nacionalistas contra los no-nacionalistas; los nacionalistas radicales contra los nacionalistas moderados; los vascos contra la violencia de ETA; los vascos contra la violencia y la discriminación del Estado español (dominante en el discurso de los nacionalistas independentistas vascos), terrorismo contra democracia (dominante en el discurso de los nacionalistas españoles). En resumen,  ciertos grupos políticos, para lograr sus objetivos, hacen hincapié en una de las dimensiones o  niegan la existencia de las demás. Por ejemplo, F. Savater, uno de los críticos del nacionalismo vasco, en una entrevista realizada por M. Stasiñski niega la existencia de un problema de identidad nacional en Euskadi. Citando a Z. Bauman, divide la violencia en dos géneros:

 

Hay violencia que surge en un conflicto entre dos grupos sociales como una medida de solución del contencioso. Pero hay también violencia que surge no porque existan dos grupos en conflicto, sino porque un grupo quiere dividir a la sociedad y buscar un enemigo en otro grupo social. Es lo que pasó en la Alemania nazi, cuando los nazis repararon en los judíos (...). Fue Hitler quien los expuso y los convirtió en enemigos. Es lo mismo que ocurrió en el País Vasco. De repente aparecieron los nacionalistas y los no-nacionalistas. Los primeros son los buenos, y los otros los condenados a morir por los primeros, es decir, por ETA. (Stasiñski, 2006: 20)

 

         En cambio, los nacionalistas vascos afirman que existe un problema político que reside en la identidad nacional de los vascos, en el nacionalismo de un grupo que pertenece a un estado ajeno, lo que produce cierta incompatibilidad y necesidad de reivindicación. El terrorismo es una manifestación extrema de esa reivindicación. Los nacionalistas moderados condenan esa manifestación, mientras una parte de los nacionalistas radicales la apoyan.  Hablando de violencia, cabe añadir que, a juicio de muchos, en el conflicto vasco ésta tiene dos caras: la de ETA, la más espectacular y conocida, y la llamada “violencia de Estado”: la opresión hacia los vascos, sobre todo los independentistas, que entre otros se manifiesta en casos de tortura hacia presos y en la política de dispersión por cárceles de toda España, estudiado y documentado en los informes de “Amnistía Internacional”.

         España es, sin duda, un país diverso en el aspecto cultural y étnico. Desde hace cierto tiempo se ha planteado un debate  público sobre el llamado “ser de España”, en el que se intenta formular una nueva definición de España. En un extremo de ese debate se encuentran los centralistas o nacionalistas españoles, los cuales afirman que España es un ente indivisible y que la única nación soberana en ese estado es la española. En el otro extremo, en el lado de los nacionalistas periféricos radicales, hay personas que aseveran que no existe España ni la nación española y, en consecuencia, el Estado español actual es un ente artificial. Entre estos extremos hay toda una variedad de conceptos de España y de sus pueblos. Este debate histórico y cultural está acompañado por o, mejor dicho, se entrelaza con un debate político. Ese último se centra en el tema de la organización territorial del estado, el estatus de las naciones o nacionalidades periféricas y el grado de autonomía de las regiones españolas.

Dejando de lado los extremos y la politización del debate, optemos por una versión según la cual España es un conjunto de pueblos, de pueblos que, aunque se diferencian mucho, conviven. Uno de esos pueblos es el pueblo vasco, que durante siglos ha logrado conservar una cultura muy rica e interesante. Sin embargo, ha absorbido algunos elementos de la cultura y la lengua hispana. Al mismo tiempo, se ha realizado un proceso de influencia de la cultura y lengua vasca en lo español. Es más, una parte de los vascos se sienten también españoles. Parémonos un momento en el tema de la identidad vasca. ¿Cuáles son los criterios para definir a un vasco? En primer lugar, ser vasco es el hecho de hablar euskera, pero, en  las investigaciones sociales, se tiende a tomar en cuenta el hecho de vivir o nacer en la CAPV (Comunidad Autónoma del País Vasco)  o en alguna otra región vasca, u otro criterio muy subjetivo, según el cual “sentirse vasco” significa “ser vasco”. Aparte de esos tres criterios, se toma en cuenta también, a veces, la genealogía, o el hecho de cultivar la tradición vasca. De todas formas, según estudios del Grupo Euskobarómetro de la UPV, la mayoría de los habitantes de la CAPV, el 62% en concreto, se sienten al mismo tiempo vascos y españoles (la mayoría de ellos se sienten más vascos que españoles, pero mantienen las dos identidades a la vez). El 29% se siente exclusivamente vasco. Por otra parte, sólo el 6% no se siente vasco (Grupo Euskobarómetro, 2006).

         Para analizar el fenómeno del nacionalismo, cabe describir el estatus político de los vascos en España. La organización territorial de España se acerca al modelo federal. Según algunos autores, España es, de hecho, “un Estado tan federal como cualquier otro de los Estados federales que hoy existen en el mundo. La diferencia estriba en que aún no le llamamos así” (Gómez, 2007: 1). Por el lado del PP hay voces de preocupación por la supuesta desintegración del país, mientras que, según Óscar García Agustín (2006: 18), por el lado del PSOE se nota cierta preferencia hacia el federalismo. En su opinión, se evitan las alusiones directas al federalismo, prefiriéndose la expresión “Estado de las autonomías” para, entre otras cosas, no evocar el legado de la Segunda República. De todas maneras, hay diferencias significativas entre el Estado de las Autonomías y un modelo federal, que se reflejan en una serie de rasgos típicamente federales de las que el estado español carece: una cámara alta como órgano de representación territorial, un sistema de mecanismos de cooperación horizontal (entre regiones), participación directa de las regiones en los asuntos europeos o igualdad de competencias entre todas las regiones (Sroka, 2006).

         Euskadi goza de la autonomía más amplia de todas las autonomías españolas. Sólo la Comunidad Autónoma del País Vasco y Navarra tienen un sistema financiero autónomo que posibilita una regulación propia de la mayor parte de los impuestos. La CAPV, como todas las demás CC.AA., tiene un parlamento y un gobierno, y su estatus está determinado por un Estatuto. Además, existen una policía autonómica (la ertzaintza, independiente de la policía española, también presente en el País Vasco) y un sistema educativo y de sanidad propios. Además, los vascos han desarrollado una “paradiplomacia” muy dinámica (Castro Ruano & Ugalde Zubiri, 2004). A pesar de ello, hay gente que no está satisfecha con el grado de autonomía actual. Existe la convicción de que España se está aprovechando de  la prosperidad del País Vasco. Se piensa que éste es tan rico y desarrollado que podría ser un estado independiente, y así funcionaría perfectamente. Con todo, algunos análisis económicos que se han hecho acerca del tema refutan la tesis de la posible independencia económica del País Vasco, sobre todo en el contexto de una potencial salida de la Unión Europea (Buesa, 2004).

Cabe subrayar que el País Vasco, histórica y culturalmente, no se limita a la CAPV, ya que aquel territorio abarca tres entidades políticas-administrativas diversas: las dos restantes son Navarra y la parte francesa (Iparralde). El País Vasco francés no goza de ninguna forma de autonomía y allí el grado de nacionalismo es muy bajo (hasta hace muy poco casi no existía). En Navarra la situación de la identidad nacional es aún más compleja. Mientras que en Euskadi, sobre todo entre los separatistas, se evoca la noción de un Euskal Herria unido, en Navarra existe un fuerte rechazo frente a estas ideas. La causa principal reside en que el estatus territorial de Navarra es bastante parecido al de Euskadi. En segundo lugar, en Navarra se pueden distinguir dos partes: el norte euskaldun y el sur hispano. Por último, una parte de los habitantes de la región se sienten vascos, otros españoles, pero también se ha desarrollado una identidad navarra. Es más, esa identidad navarra se divide en dos tendencias: una que es compatible con la identidad vasca y otra que la rechaza.

         Es necesario, antes de pasar a la especificidad del nacionalismo vasco, introducir una breve definición del nacionalismo. El nacionalismo es una ideología política basada en el sentimiento de pertenecer a una nación. En el caso de las naciones que no tienen su propio estado, el nacionalismo se basa en la voluntad de crearlo, o de forma más moderada, ampliar la autonomía del territorio. El nacionalismo se puede definir también como una doctrina política, como un movimiento o como acciones colectivas de movimientos sociales y políticos. La nación es un grupo social que posee una identidad colectiva, una experiencia histórica, una lengua, cultura y  tradición comunes y una comunidad de valores (Mansvelt Beck, 2005: 9). El nacionalismo se divide en dos tipos principales: el nacionalismo mayoritario, el nacionalismo del Estado-Nación, y el nacionalismo minoritario, llamado también periférico. En España ambos tipos de nacionalismo son muy fuertes.

         Existe una tendencia a demonizar todo tipo de nacionalismo. Después de la Segunda Guerra Mundial, pensadores y filósofos llegaron a la conclusión de que la difusión de las ideologías colectivas (como el nacionalismo o el comunismo) había sido la causa principal de la aparición de los sistemas totalitarios. Por ejemplo, G. Orwell (1945) condena todo tipo de nacionalismo, sin excepción. Sin embargo, en la época de la posguerra se fundó, como uno de los principales derechos (junto a los ideales democráticos e individualistas), el principio de la nacionalidad, según el cual cada nación debe formar su propio estado y las fronteras del estado deberían coincidir con las de la nación. En la actualidad hay tipos y manifestaciones de nacionalismo perfectamente compatibles con las ideas liberales y democráticas. Eso es posible siempre que contengan políticas, discursos y actividades que no violen los estándares democráticos (Norman, 2006: 5).

         Sin duda, en el País Vasco existe un nacionalismo que se ajusta perfectamente a las normas de la democracia. El nacionalismo vasco moderado es totalmente diferente del de los nacionalistas extremos, y está aún más lejos del de los partidarios de ETA. De hecho, hay variedad dentro del nacionalismo, y hasta se podría constatar que existen varios nacionalismos. En la película documental La pelota vasca, la piel contra la piedra, el escritor Bernardo Atxaga dice que “el País Vasco se parece a un archipiélago, a un lugar de muchas islitas, más que a una isla grande" (Medem, 2003: 901). Esta metáfora es muy acertada y explica bien la diversidad del nacionalismo vasco: cada una de las “islas” representa un matiz diferente del nacionalismo. El nacionalismo del PNV es moderado, acepta sólo medios democráticos para ampliar la autonomía. Aunque sus raíces son independentistas, después de la transición este partido adoptó un discurso moderado, empezando por su apoyo al Estatuto. Por otra parte, recientemente su actitud hacia el Estatuto se ha radicalizado, como muestra el famoso “Plan Ibarretxe”: una propuesta de reforma que contiene el concepto de “autodeterminación”. Es muy probable que el PNV lo haya propuesto, entre otros objetivos, con el fin de captar el electorado de Batasuna. En consecuencia, los votantes tradicionales de los nacionalistas extremos han empezado a apoyar al PNV, lo cual ha debilitado a Batasuna. Por otro lado, a Ibarretxe se le acusa de colaborar con los terroristas, porque la aprobación de su plan fue posible gracias a los votos de unos representantes de Batasuna. Aunque se haya radicalizado el discurso del PNV, sigue rechazando a ETA. También funcionan otros partidos nacionalistas moderados como EE (Euskadiko Ezkerra), que está aliada al PSE (federación vasca del PSOE) o EA (Euskal Alkartasuna), que gobierna en coalición con el PNV, a pesar de los rasgos que los diferencian.

         El nacionalismo de la llamada “izquierda abertzale” es algo muy distinto. Se trata de un grupo de nacionalistas radicales que combinan el nacionalismo con las ideas socialistas. El líder de este entorno ha sido siempre Batasuna (llamada también Herri Batasuna o Euskal Herritarrok), que solía ser la plataforma política de ETA. Batasuna fue ilegalizada por la Ley de Partidos de 2003, pero sus militantes vuelven a la actividad en el escenario político creando partidos de diferentes nombres. Entonces, y así sucedió en el caso de las elecciones municipales de 2007, en el País Vasco y en toda España se plantea un debate muy serio sobre la posible aplicación de la Ley de Partidos para partidos o listas electorales relacionados con la antigua Batasuna. Por último, hay una parte de la “izquierda abertzale” que apoya el programa de la plena independencia de Euskadi pero no los medios violentos de ETA. Cabe recordar que esta variedad la podemos observar sólo en la Comunidad del País Vasco, sin mencionar siquiera otras tierras tradicionalmente vascas. Al debate sobre la aplicación de la Ley de Partidos le acompañan muchas dudas y preguntas, como por ejemplo: ¿se puede anular una lista electoral aunque no exista la certeza de que todos los candidatos mantienen vínculos con Batasuna o ETA?; ¿qué es más importante: los derechos cívicos a presentar una candidatura y recibir votos o la lucha contra el terrorismo?, ¿cómo o con qué criterios y medios se pueden verificar las relaciones de los candidatos?; ¿hay que tener en cuenta sólo las relaciones actuales de los candidatos o también las antiguas?, ¿debe concernir la ley de Partidos a cualquier partido vinculado con Batasuna, aunque oficialmente rechace la violencia?, etc.

         He dicho que la característica principal del nacionalismo vasco es su variedad. Esa variedad tiene varios aspectos. Uno es el aspecto institucional-administrativo: podemos distinguir por lo menos tres realidades político-institucionales: La CAPV, Navarra y el País Vasco francés). Otro aspecto es la variedad política, que se manifiesta en la cantidad de partidos que funcionan. El segundo rasgo del nacionalismo es que en la CAPV constituye un fenómeno que determina el escenario político de esta Comunidad. La identidad nacional es uno de los problemas dominantes en la realidad política del País Vasco. En la mayoría de los países contemporáneos el criterio que diferencia los partidos políticos es su actitud hacia cuestiones económicas e ideológicas y, así, los dividimos en partidos de izquierda, centro o derecha. En el País Vasco este criterio es secundario y lo más importante en el momento de votar suele ser la actitud del candidato hacia el tema del nacionalismo. Se puede decir que todo gira en torno al nacionalismo y, por otro lado, el problema de ETA quita y pone partidos en los gobiernos de la CAPV y del Estado.

         El nacionalismo vasco varía, dependiendo de las circunstancias. Ha evolucionado de manera significativa durante sus más de cien años de historia[1]. Además, su rostro cambia dependiendo de la parte de Euskal Herria de la que hablemos; se dice que hasta se pueden notar diferencias entre las provincias pertenecientes a la misma región administrativa (se suelen destacar las diferencias en la actitud nacionalista de los habitantes de Vizcaya y Guipúzcoa). En tercer lugar, el nacionalismo vasco es distinto según quien hable de él. El nacionalismo vasco es complejo y el conflicto vasco es multidimensional. Sin embargo, parece que pocos de los políticos, activistas o autores que participan en el debate se den cuenta de esa complejidad. Puede ser también que la simplificación del problema que aparece en sus discursos les sirva para lograr sus objetivos políticos y, en el caso de la prensa, también económicos. Desgraciadamente, mientras el problema de la identidad nacional de los vascos y el tema del conflicto vasco se traten de manera instrumental, el consenso y la paz en el País Vasco serán muy difíciles de alcanzar.



[1] Se considera que el nacionalismo vasco fue creado por Sabino Arana; sin embargo, hay que tener en cuenta que el movimiento tiene sus antecedentes en siglos anteriores y su origen en hechos históricos de tiempos muy remotos.

 

 

Bibliografía

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Resumen

El presente trabajo proporciona información básica sobre el nacionalismo vasco actual, destacando su complejidad e importancia en la realidad política de la región. Además, se presenta el fenómeno en el contexto de la teoría del nacionalismo. Por último, se contrasta la imagen del nacionalismo presentado en los medios de comunicación y en el debate político con un enfoque más objetivo de algunos expertos en el tema.